top of page

Miércoles Santo: cuando el amor sigue sentado a la mesa

  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Jesús ya sabía… y aun así amó.


Hay días de Semana Santa que duelen distinto.

El Miércoles Santo es uno de ellos.


No tiene la solemnidad del Viernes Santo ni la ternura del Jueves.

Tiene otro peso: el de la traición silenciosa, el del corazón que se vende poco a poco, el de un amor que ya sabe lo que va a pasar… y aun así no se retira.


El Evangelio de hoy nos pone frente a una escena incómoda: Judas se acerca a los sumos sacerdotes y pregunta cuánto le darán si les entrega a Jesús. Ellos le ofrecen treinta monedas. Más tarde, durante la cena, Jesús anuncia que uno de los que están con Él lo va a traicionar.


Y aquí está lo más fuerte:

Jesús ya lo sabía.

Sabía quién lo iba a vender.

Sabía quién lo iba a negar.

Sabía quiénes huirían.

Y aun así se sentó a la mesa con ellos.


Jesús ya sabía quién lo traicionaría… y aun así se sentó a la mesa. Así ama Dios: conociéndolo todo y sin retirarse.
Jesús ya sabía quién lo traicionaría… y aun así se sentó a la mesa. Así ama Dios: conociéndolo todo y sin retirarse.


El dolor de ser herido por alguien cercano


La traición siempre duele más cuando viene de cerca.


No hiere igual el rechazo de un desconocido que el de alguien a quien abriste el corazón.

Por eso este día toca fibras tan humanas: todos sabemos, de una u otra forma, lo que significa ser decepcionados por alguien cercano… o incluso decepcionar nosotros mismos.


Judas no era un extraño.

No era un enemigo de afuera.

Era uno de los Doce.

Uno que caminó con Jesús, que escuchó sus palabras, que vio milagros, que compartió pan.


Y sin embargo, el corazón puede endurecerse incluso estando cerca de lo sagrado.


Eso también nos confronta. Porque no hace falta “irse lejos” de Dios para traicionarlo. A veces se le traiciona quedándose cerca por fuera, pero lejos por dentro.

Con una fe tibia.

Con una vida dividida.

Con una doble intención.

Con un “sí, Señor” en los labios, pero otro plan en el corazón.


Jesús no deja de amar aunque ya sabe


Lo más impresionante del Miércoles Santo no es solo la traición de Judas.

Es la manera en que Jesús la enfrenta.


No hace escándalo.

No humilla a Judas delante de todos.

No lo expulsa de la mesa.

No deja de amarlo.


Eso revela algo del corazón de Cristo que a veces cuesta creer:

Jesús no ama solo cuando todo va bien.

Ama incluso cuando ya ve la herida venir.

Ama aun sabiendo que será rechazado.

Ama aun cuando el otro todavía no cambia.


Y eso es profundamente divino. Porque humanamente, cuando intuimos traición, nos cerramos. Nos defendemos. Nos alejamos. Jesús, en cambio, permanece fiel a su amor hasta el final.


El Miércoles Santo nos recuerda que el amor de Cristo no depende de la perfección del otro, sino de la fidelidad de su propio corazón.


Todos tenemos algo de Judas… y algo que entregar


Sería cómodo leer este Evangelio pensando solo en Judas, como si fuera “el malo” de la historia y nosotros no tuviéramos nada que ver.


Pero la Palabra de Dios no está para que señalemos a otro, sino para que dejemos que nos ilumine por dentro.


Y entonces la pregunta cambia:

¿De qué maneras he traicionado yo a Jesús?


No tal vez con treinta monedas.

Pero sí quizá:


por quedar bien con otros,

por miedo a perder algo,

por callar mi fe,

por preferir mi comodidad a su voluntad,

por volver a lo mismo que sé que me aleja de Él.


A veces no vendemos a Jesús por maldad abierta, sino por pequeñas negociaciones del alma.

Un poco de ego.

Un poco de tibieza.

Un poco de orgullo.

Un poco de “después vuelvo”.


Y así, casi sin notarlo, el corazón empieza a tasar lo que es sagrado.


La mesa sigue puesta


Y, sin embargo, lo más esperanzador del Evangelio de hoy es esto:

Jesús sigue sentándose a la mesa.


Sabe quién eres.

Sabe lo que cargas.

Sabe tus incoherencias, tus miedos, tus retrocesos.

Y aun así no retira su amor.


Eso no justifica la traición.

Pero sí revela que la misericordia siempre va un paso más allá del pecado.


El Miércoles Santo no es solo un día para pensar en Judas.

Es un día para mirar a Jesús y dejarse alcanzar por su mirada.

Una mirada que conoce todo y aun así no se cansa de llamar al corazón.


Tal vez hoy no necesitas defenderte ni explicarte tanto.

Tal vez solo necesitas sentarte delante del Señor y decirle con honestidad:


“Aquí estoy.

Tú sabes todo.

Sabes dónde he sido tibio, dónde me he escondido, dónde te he fallado.

No me sueltes.

No permitas que mi corazón se acostumbre a alejarse de Ti.”


Una invitación para hoy

Hoy no es un día para correr.

Es un día para mirar con verdad el propio corazón.


Pregúntate con sinceridad:


¿Qué estoy negociando que no debería negociar?

¿Dónde se me está enfriando el amor por Jesús?

¿Qué parte de mí necesita volver a ser fiel?


Y después de eso, no te quedes en la culpa.

Quédate en la mesa.

Quédate con Él.

Porque incluso este día oscuro forma parte del camino hacia la misericordia.


Oración final


Señor Jesús,

en este Miércoles Santo quiero sentarme a tu mesa con verdad.

Tú conoces mi corazón mejor que yo mismo.

Sabes mis fidelidades, pero también mis tibiezas,

mis momentos de amor sincero

y mis pequeñas traiciones escondidas.


Hoy no quiero huir de tu mirada.

Quiero dejar que me ilumine,

que me corrija,

que me sane.


Perdóname por las veces en que te he cambiado

por mi comodidad,

por mi miedo,

por mi orgullo

o por las voces del mundo.


No permitas que mi corazón se acostumbre a alejarse de Ti.

Hazme fiel en lo pequeño,

sincero en lo escondido

y valiente para amarte sin negociar tu lugar en mi vida.


Y si alguna vez me he parecido más a Judas de lo que quisiera admitir,

recuérdame también que tu misericordia sigue buscando mi regreso.


Amén.



Si esta reflexión te ayudó a vivir el Miércoles Santo con más profundidad, compártela con alguien que hoy necesite volver a sentarse a la mesa con Jesús.




 
 
 

Comentarios


Sobre mi

1000007293 (1).JPEG

Emproista guatemalteco, inspirado a compartir el amor de Dios desde lo real, lo cotidiano y lo profundo. Creo firmemente que Dios sigue hablando hoy, y este rincón es una forma de escucharlo juntos, con el alma abierta y los pies sobre la tierra.

Dejé de hablar por necesidad y empecé a hablar con propósito.

#FeEnMovimiento

¡Síguenos en nuestras redes sociales!

  • Instagram
  • Tik Tok
  • Substack

bottom of page