¿Existió un cuarto Rey Mago? Tal vez seas tú
- Darón Lemus
- 27 dic 2025
- 4 Min. de lectura
De pequeños, muchos crecimos viendo el pesebre con las mismas figuras: María, José, el Niño Jesús, los pastores, los animales… y los tres Reyes Magos. Oro, incienso y mirra. Tres coronas, tres camellos, tres regalos.
Pero si vamos al Evangelio, algo llama la atención:
Mateo no habla de “tres reyes”, sino simplemente de “unos magos que llegaron de Oriente” (Mateo 2,1).
La tradición fue dando forma a lo que hoy conocemos: tres personajes, tres nombres, tres regalos.
Y sin embargo, con el tiempo surgió una pregunta muy humana y muy hermosa:
¿Y si hubiera existido un cuarto Rey Mago?
No aparece en la Biblia, pero hay una antigua leyenda que habla de él. Se llama Artabán. Y su historia tiene un mensaje profundamente cristiano… y muy actual.

La leyenda del Rey Mago que nunca llegó a Belén
Según la tradición, Artabán también vio la estrella. También preparó un regalo para el Niño: piedras preciosas, tesoros dignos de un rey. Su intención era unirse a los otros magos, viajar juntos y adorar al Mesías.
Pero en el camino se fue encontrando con personas que sufrían:
un enfermo que necesitaba ayuda, un pobre que no tenía cómo sobrevivir, alguien que estaba a punto de morir sin auxilio. Y una y otra vez, Artabán se detenía.
Cada vez que ayudaba, entregaba parte del regalo que llevaba para Jesús: vendía una joya para pagar un tratamiento, daba otra para rescatar a un prisionero, ofrecía algo más para alimentar a una familia hambrienta.
Al final, la leyenda cuenta que nunca llegó al pesebre. La estrella ya no se veía. Los otros magos ya habían regresado. Belén estaba vacío.
Parecía que había fracasado.
Pero en realidad, había pasado algo más grande:
sin saberlo, había estado encontrando a Jesús en cada rostro que había ayudado.
Y aquí es donde la leyenda se encuentra con el Evangelio:
“En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.” - Mateo 25,40
Artabán nunca vio al Niño Jesús en el pesebre…
pero lo abrazó una y mil veces en los pobres, los enfermos, los descartados.
Cuando “no llegar” no es fracaso, sino misión
Tal vez tú también te has sentido así:
“Voy tarde.”
“No he logrado lo que otros ya lograron.”
“Mis planes se desviaron.”
“No llegué a donde soñaba estar a esta edad.”
A veces vemos nuestra vida como un montón de “no llegué”:
no llegué a esa relación, a ese trabajo, a ese viaje, a ese sueño. Y puede doler.
Pero, ¿y si Dios te estuviera llevando por otro camino, con otra misión… como a ese cuarto Rey Mago?
Quizá no estás donde imaginabas, pero sí donde alguien te necesita.
Quizá no estás frente a un pesebre en Belén, pero estás frente a:
un familiar que requiere paciencia,
un amigo que necesita ser escuchado,
un desconocido que te mira con hambre y vergüenza,
un hermano que lucha en silencio con su salud mental o su fe.
Desde la lógica humana, parece que “te desviaste”.
Desde la lógica del Evangelio, tal vez estás justo donde debías estar.
El cuarto Rey Mago hoy
Si lo pensamos bien, el “cuarto Rey Mago” no es una figura perdida de la historia.
Es un estilo de vida.
Es esa persona que:
llega “tarde” a sus metas… porque se detuvo a ayudar a alguien.
no tiene la vida perfecta de Instagram… pero tiene una vida llena de gestos de amor oculto.
no se sacó la foto en el lugar “ideal”… porque estaba acompañando a quien nadie ve.
Y ahí es donde el Evangelio vuelve a hablar fuerte:
Jesús se identifica con el hambriento, el sediento, el enfermo, el preso, el extranjero (Mateo 25,35-40)
Cada vez que te detienes a ayudar, aunque “pierdas tiempo”, aunque “retrases” tus planes, aunque parezca que “no llegaste”… en el cielo alguien está anotando una visita:
Jesús: visitado, amado, atendido, acompañado.
Tal vez tú seas ese cuarto Rey Mago
Puede que mi vida (y la tuya) no se parezca mucho a un camino recto hacia un pesebre claro y perfecto.
Está hecha de desvíos, imprevistos, tropiezos, puertas que se cierran, cambios de ruta.
Pero Dios no solo está en la meta.
Dios está en el camino.
En cada persona que se cruza contigo.
En cada ocasión en la que puedes elegir no hacer nada… o puedes amar.
Tal vez no te sientas sabio, ni rey, ni importante.
Tal vez sientas justo lo contrario.
Pero a los ojos de Dios, cada “sí” silencioso al prójimo es un regalo que llega directo a su corazón.
Quizá no llegaste a ese Belén que imaginabas.
Pero Jesús te está esperando en cada Artabán que llevas dentro:
en tu capacidad de detenerte, de escuchar, de cuidar, de dar sin que nadie te aplauda.
Oración final
Señor Jesús,
a veces siento que voy tarde,
que no llegué a donde pensaba,
que mis planes se desviaron.
Hoy te pido que me enseñes a ver mi vida con tus ojos.
Que, como ese cuarto Rey Mago,
no tenga miedo de detenerme en el camino
para amar a quienes tú pones delante de mí.
Hazme entender que cada vez que ayudo, consuelo o acompaño,
no pierdo tiempo:
te encuentro a Ti.
Que mi regalo no sea oro, incienso o mirra,
sino un corazón dispuesto a servir.
Y que, cuando al final de mi vida mire hacia atrás,
pueda descubrir que, aunque no siempre llegué donde soñaba,
en cada paso estuviste Tú.
Amén.
Si este mensaje te hizo ver tu camino con otros ojos, no te lo quedes solo para ti.
Compártelo con alguien que siente que va tarde en la vida, que no ha “llegado” donde soñaba. Tal vez necesite recordar que Jesús también se encuentra en cada persona a la que ha ayudado en el camino.




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