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Encontrar la calma en un diciembre sin calma

Cómo hallar la paz de Dios en medio del ruido, el corre-corre y una Navidad que a veces se nos olvida vivir.


Vista a nivel de ojo de una iglesia antigua con luz suave entrando por vitrales
La verdadera calma de la Navidad no está en el ruido de las fiestas, sino en la presencia de Jesús en el corazón.

Diciembre: el mes donde todos corren


Diciembre es irónico.


Hablamos de paz, de amor, de familia, del nacimiento de Jesús… pero por dentro muchos vamos corriendo, saturados, llenos de pendientes: regalos, eventos, tráfico, reuniones, posadas, comidas, más compras, más ruido.


Y en medio de eso, el corazón se cansa.

Nos prometimos “vivir la Navidad diferente”, pero la agenda nos arrastra otra vez.


Y sin embargo, Jesús llegó a este mundo precisamente en medio del desorden, no en un escenario perfecto.


La Navidad de Jesús tampoco fue calma


A veces imaginamos el nacimiento de Jesús como una postal tranquila: estrellas, silencio, animales quietos, todo ordenado. Pero si lo miramos con realismo, no fue nada sencillo:


  • Un censo que obligó a José y María a viajar estando ella embarazada.

  • "Y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa" - Lucas 2,7

  • Un parto en un pesebre, lejos de la comodidad y la seguridad.

  • Y poco tiempo después, huida a Egipto porque Herodes quería matar al Niño.


No hubo “calma externa”. Hubo cansancio, incertidumbre, peligro, improvisación.

Y aun así, ahí nació la Paz del mundo.


Eso nos dice algo importante:

La calma de Dios no depende de que todo esté perfecto afuera, sino de quién está con nosotros dentro.


“Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo.” - Juan 14,27

La calma que viene de Dios, no de las circunstancias


Encontrar la calma no significa tener un diciembre sin pendientes, sin familia complicada, sin trabajo, sin tráfico.

Significa aprender a vivir todo eso con un corazón anclado en Dios.


La paz de Dios no es “no pasa nada”…

es “pasa de todo, pero Él está conmigo”.


“Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.” - Mateo 11,28

María y José no tuvieron una Navidad perfecta, pero tuvieron algo que lo cambió todo: la presencia de Jesús en medio del caos.

Y eso mismo se nos ofrece hoy.


¿Cómo encontrar la calma hoy?


No se trata de escapar del mundo, sino de crear pequeños espacios donde Dios pueda hablarte y abrazarte. Por ejemplo:


  • Un minuto de silencio real al día.

    Sin música, sin celular, sin ruido. Solo tú y Dios. Aunque al principio incomode, ahí empieza a ordenarse el corazón.


  • Mirar el pesebre con honestidad.

    Verlo no como adorno, sino como recordatorio de que Jesús nació en medio de la pobreza, el cansancio y la falta de control… como muchas de nuestras vidas.


  • Rezar una breve oración en medio del corre-corre.

    Algo tan simple como: “Jesús, dame tu calma ahora mismo” mientras manejas, caminas o trabajas.


  • Decir que no a lo que solo te llena de ruido.

    No todo evento, reunión o compromiso es obligatorio. A veces, decir “no” a algo es decirle “sí” a estar con Dios, con tu familia o contigo mismo.


La calma no aparece mágicamente; se busca, se elige y se cuida.


Una invitación para este diciembre


Tal vez este no será el diciembre perfecto. Tal vez seguirás teniendo muchas cosas que hacer, personas que ver, temas que resolver.


Pero sí puede ser el diciembre donde por primera vez te atreves a decir:


“Señor, en medio de todo esto… no quiero perderte a Ti.”

"María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior.” Lucas 2,19, también tú puedes aprender a hacer una pausa interior, aunque por fuera el mundo corra.


Oración final


Señor Jesús,

tú naciste en una noche que no fue tranquila,

en un lugar improvisado, en medio de cansancio y camino.

Enséñame a encontrarte también en mis días llenos,

en mis prisas, en mis preocupaciones.


Te pido que en este diciembre

no me quede solo con luces, compras y reuniones,

sino que encuentre momentos de silencio contigo.

Dame la gracia de saber detenerme,

respirar hondo y recordar que Tú eres mi calma.


Que, como María y José,

aunque tenga que correr, decidir, resolver y luchar,

no pierda de vista la única verdad que importa:

que tú estás conmigo.


Sé mi paz en medio del ruido,

mi descanso en medio del cansancio,

mi calma en medio del caos.

Amén.



Si este diciembre te está pasando por encima, este texto es para ti.

Tómate unos minutos para leerlo… y si te trae paz, compártelo con alguien que también la necesite.


 
 
 

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Sobre mi

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Emproista guatemalteco, inspirado a compartir el amor de Dios desde lo real, lo cotidiano y lo profundo. Creo firmemente que Dios sigue hablando hoy, y este rincón es una forma de escucharlo juntos, con el alma abierta y los pies sobre la tierra.

Dejé de hablar por necesidad y empecé a hablar con propósito.

#FeEnMovimiento

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